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Cómo hacer cultivos hidropónicos caseros fácilmente

El autoconsumo es un concepto que está ganando cada vez más presencia en una sociedad que ha encontrado en la producción propia un estilo de vida más sostenible y equitativo.

El autoconsumo es un concepto que está ganando cada vez más presencia en una sociedad que ha encontrado en la producción propia un estilo de vida más sostenible y equitativo. La búsqueda de fórmulas alternativas para adaptarse a los distintos contextos climatológicos es una tendencia en esta idea. En ese sentido, destacan los cultivos hidropónicos como una fuente efectiva para obtener frutos. Su implantación está creciendo en muchos pequeños agricultores que han encontrado aquí un sistema moderno y con capacidad para sortear algunos obstáculos habituales del modelo tradicional.

El modelo de cultivo hidropónico destaca por la ausencia de suelo. Es decir, las plantas no se plantan sobre la tierra, por lo que supone una transformación notable en comparación con el sistema de cultivo tradicional. Evidentemente, necesita de una fuente primaria de sustento que alimente a la planta y ésta se consigue a través del agua. Se utilizan pequeñas estructuras sobre las que se instala la planta y el suelo se sustituye por una base de agua. Supone una alternativa viable para aquellas personas que quieren cultivar pero no disponen de un suelo o aquel que tienen a su disposición no es fértil. Es un sistema que se adapta tanto a zonas interiores como a espacios abiertos, en el exterior, como por ejemplo terrazas o azoteas; y que requiere de un detallado proceso para su instalación.

Busca los materiales

El primer paso para instalar un sistema de cultivo hidropónico implica la adquisición de todos los materiales necesarios para dicha instalación. Todos son relevantes, así que es importante tomar nota. La semilla, éste o no germinada, es fundamental; pues de ella nacerá la planta. También resulta imprescindible el sustrato y solución nutritiva, que realizan la función del clásico abono, para aportar los nutrientes. Ante cualquier duda sobre qué producto se adapta mejor al cultivo elegido, lo recomendable es acudir a un especialista que puede orientar mejor la toma de decisiones. Un recipiente o una caja, preferiblemente de color oscuro, se utilizará como base para la colocación de la planta. El tamaño debe ser reducido, ya que las características de este modelo así lo exigen, y no debe superar los treinta centímetros de diámetro. Otro elemento esencial es la bomba de aire, que tiene la función de producir oxigenación a partir del agua. Este proceso permite que las raíces se alimenten en unas mejores condiciones, además de conseguir una continua limpieza del agua, evitando así la contaminación. Una tabla de madera y un tapón de plástico completan el kit de instalación.

Si las semillas son nuevas, hay que germinarlas previamente de la forma tradicional. Por ello es recomendable recurrir a semillas ya germinadas o a esquejes. De forma paralela al proceso de germinación, se puede empezar con la preparación del sistema. Hay que realizar un orificio en la parte inferior de cada una de las cajas donde se instalarán las plantas. Esta acción es necesaria para realizar el cambio de agua cuando corresponda. Hasta entonces, se tapa con un tapón. Este paso exige una medición exacta del agujero para que la tapa encaje perfectamente y no se pierda agua.

Paciencia y cariño

La caja se llena de agua entre un ochenta y noventa por ciento de su capacidad; y después hay que hacer agujeros en la parte superior de la misma. Todos ellos deben presentar un tamaño similar. Por aquí debe entrar cada una de las raíces. Es muy importante realizar este paso con mucha cautela, ya que la planta podría dañarse. La raíz se quedará cubierta completamente por agua y el tallo tiene que estar fuera. Ahora es también el momento de incluir el sustrato elegido para aportar mayor consistencia y fuerza a la planta.

La estructura está realizada, así que hay que buscar el lugar adecuado para su mantenimiento. El escenario ideal es un espacio en el que entre una buena cantidad de luz natural sin que el sol penetre de forma directa durante un largo periodo de horas. Una vez tenemos el sitio, hay que instalar la bomba de aire. Tiene que estar conectada a la red eléctrica para que funcione durante unos minutos cada tres o cuatro horas, de forma ininterrumpida. Este proceso es esencial para que el agua esté limpia y la planta se nutra siempre de una fuente pura. Se añade la solución nutritiva que recae sobre el agua y el sustrato, un proceso que se debe repetir de forma periódica, en función del calendario que pide cada planta.

El objetivo de este sistema es conseguir que la aportación de nutrientes, ya sean el agua u otros preparados, se produzca de forma continuada; ya que solo así se puede cubrir la ausencia de un suelo fértil de implantación. Si se siguen estos pasos de forma precisa y las labores de mantenimiento son realizadas adecuadamente, resulta posible disponer de un cultivo casero en cualquier lugar.

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